
La hija de la Princesa:
Veinte años después del reinado de mi padre... yo fui el rey. Entretanto, otras muchas ocuparon el trono real, que trabajan en las más varias ocupaciones: carpinteros, maestros, tenderos, empleados, pensionistas,... y todos hemos ido acompañados de reinas, a qué más virtuosa y sensata, Sant Jordi, todos ganadores en el combate contra el dragón, y princesas, todas “guapas como una cometa que brilla en medio del azur”.
La Semana Medieval es esto: su gente. Una gente capaz de montar y desmontar mercados, juegos, cortes, leyendas, dracums y tantos otros escenarios, para llegar a casa y, que en ningún caso, se lanzan a la butaca y ponen en marcha la televisión, sino que se visten con las mejores galas para salir a la calle y rememorar ante la gente forastera, los años más espléndidos de nuestra villa.
Semanas y semanas de ensayos, de encontrarnos una noche si, una otra también y, mientras intentamos aprender aquel baile que la "profesora" va inventando un poco sobre la marcha, hablar de aquello que nos une, descubrir la humanidad que se esconde detrás aquellos nobles los cuales -sin la semana medieval- nunca hubiéramos sabido a qué se dedican sus hijos, o de aquellas princesas qué todavía no saben que van a estudiar de mayores, o de aquellas otras que acabamos de conocer escondidos detrás una bambolina, empujando un carro, o guiándonos arriba y abajo a manera de servicio de orden y protocolo.
Sant Jordi es esto: un tipo de catarsis colectiva; un encontrarse y hablar, un compartir vivencias. Es descubrir, entre toque de tambor y sonido de trompeta, cuan fuertes somos los pueblos si andamos todos en una misma dirección; es verificar cuan lejos podemos ir cuando aparcamos las diferencias, cuando integramos la opinión del otro, cuando sumamos.
Mi princesa no había nacido cuando empezó la Semana Medieval, y mi Sant Jordi todavía no andaba, y ya han sido protagonistas de la Semana. Ahora sólo nos queda seguir trabajando por hacer todavía más grande la fiesta, hasta que llegará un día en qué alguna madre escribirá en esta web un texto que empezará diciendo: este año la princesa es mi hija, la hija de otra princesa... y seguro habrá sido antes bandera, y pueblo, y noble en alguna ocasión; y será entonces cuando todos los reyes, reinas, nobles, pueblo, caballeros, banderas, tambores, trompetas, jinetes, esclavos, bufones, arlequines, y toda la gente que hace posible la semana medieval, sentiremos un orgullo sano y legítimo, conscientes de que aquella princesa será un poco de todos, sin ninguna exclusión, tal y como ha sido siempre la Semana Medieval.
Que tenga larga vida.
Matias Vives March.
